

El agua empleada en la unidad dental para la preparación de dientes o profilaxis es suministrada por medio de un sistema de presión que bombea el agua purificada de una botella de plástico desechable.

Las succiones tradicionales permiten que la saliva y demás fluidos se dispersen en un radio de dos metros alrededor de la boca, infectando así no solo al doctor y paciente sino al equipo y los instrumentos que pueden encontrarse dentro de estos límites. La succión de alto vacío permite recuperar los fluidos que se generan durante un tratamiento dental con una potencia mayor disminuyendo este radio de acción a cincuenta centímetros aproximadamente. Tanto el succionador como las piezas de alta velocidad y jeringas triple cuentan con válvulas de seguridad que no permiten el reflujo de líquidos.

Las resinas modernas son endurecidas por medio de luz halógena permitiendo mayor tiempo al especialista para su colocación. Esto le da calidad y mejora la estética de la pieza y el promedio de vida útil de la restauración.

Por medio de este instrumento de uso poco frecuente, los modelos de yeso obtenidos del paciente son mezclados sin burbujas de aire dándole mayor resistencia al modelo y evitando que tenga fracturas o defectos que alteren la restauración realizada en él.

A todos los pacientes que lo requieran se les realizan estos estudios para valorar su estado físico. La presión alta provoca mayor sangrado y en los pacientes diabéticos no controlados el riesgo de infección se incrementa en tratamientos que produzcan sangrados

